Imagen destacada blog Xbox vx PlayStation

GUERRA DE CONSOLAS: DEL SENTIDO DE IDENTIDAD A LA UTILIDAD.

El inicio de este milenio estuvo marcado por una de las batallas más épicas del mundo de los videojuegos: la guerra de consolas entre Playstation y Xbox. Comprar una de esas consolas no era una simple elección, era un acto de identidad, era tu firma en un acta intangible en la que te obligabas a defender con argumentos, uñas y dientes a la consola elegida.

La discusión solía basarse en detalles técnicos de cada consola y no distinguía edad, condición social ni ubicación, lo mismo podía suscitarse en una escuela, una oficina o en los incipientes foros de internet de la época. Aquella caja colocada usualmente debajo (o al lado) del televisor definía tu perfil como video jugador.

El contexto actual parece indicar que la guerra de consolas ha terminado; sin embargo, esto no es del todo cierto. La industria del videojuego ha evolucionado y con ella también ha evolucionado la forma de discutir sobre qué consola es la mejor, hoy en día la rivalidad ya no se basa únicamente en las especificaciones técnicas de una u otra sino que también influye la manera en que consumimos, pagamos y experimentamos los juegos.

Lo que solía ser una era de identidad y pertenencia se ha transformado en una etapa de conveniencia dominada por los planes de suscripción y el respectivo catálogo de juegos gratis o juegos ‘día uno’.

Para entender esta evolución es necesario reconstruir la experiencia de aquellos quienes fuimos acérrimos defensores de PlayStation o de Xbox.

LA VERDADERA GUERRA DE CONSOLAS.

El concepto ‘Guerra de Consolas’ no nació con la rivalidad entre Microsoft y Sony, diez años antes Sega y Nintendo tuvieron su propio episodio. Sega fue un digno competidor e impulsados por aquel mítico slogan de «Sega does what Nintendon’t» logró captar gran parte del mercado americano, pero la realidad terminó por alcanzarlos y la compañía del erizo sucumbió ante Mario, Zelda, Donkey Kong y el resto de la pandilla.

Por tanto, para mi, la verdadera guerra de consolas ha sido entre Playstation y Xbox, dos compañías con los recursos suficientes para competir en igualdad de circunstancias. De hecho, la batalla entre Sega y Nintendo me recuerda aquel episodio de Los Simpsons donde Homero cree que logrará cruzar el desfiladero de Springfield, pero termina cayendo al fondo del cañón. Años más tarde, Sega abandonaría el desarrollo de hardware para enfocarse únicamente en el desarrollo y publicación de software.

EL VALOR DE LA IDENTIDAD.

Los seres humanos siempre hemos tenido la necesidad de conformar grupos, está en nuestros genes buscar la protección, apoyo y afecto que nos brinda la colectividad. Estamos en una búsqueda constante de personas con necesidades e intereses comunes que nos ayuden a reforzar el valor de nuestras opiniones y nos otorguen un sentido de pertenencia. Los gamers, al igual que cualquier tribu urbana, tienen la necesidad de encontrar ese sentido de identidad.

Antes de la llegada de Xbox las comunidades estaban bien definidas, por una parte estaban los fans de Nintendo cuya pertenencia estaba cimentada en la nostalgia de personajes clásicos y el fenómeno Pókemon; del otro lado estábamos los fans de Sony que nos identificábamos con historias más profundas como las de Resident Evil y Metal Gear así como con la evolución del formato digital; por último, estaban los PC Gamers y su afición por los gráficos más potentes.

El mercado estaba bien definido y las tres naciones vivieron en armonía durante muchos años, pero todo cambió hasta que la nación XBox atacó.

EL INICIO DE LA GUERRA.

La PlayStation 2 fue la consola más potente en su momento. Lanzada oficialmente como un Computer Entertaiment System, la PS2 incluyó retro compatibilidad, lector DVD, puertos USB, disponibilidad para conectarse a internet y uso de disco duro externo, pero lo más revolucionario fue su procesador central, el Emotion Engine. Una máquina con capacidad de cálculo tan potente que se llegó a decir que el mismísimo Saddam Hussein intentó adquirir 4,000 consolas para usarlas militarmente.

EGN #140 top note
Recorte de la revista Electronic Gaming Monthly #140

Para Microsoft, la evolución de las consolas ya representaba un riesgo al mercado gamer en PC y decidió enfrentarse a Sony creando su propia consola: la Xbox.

La primera consola de Microsoft superaba en cualquier aspecto técnico a la PS2; además del lector DVD y puertos USB la Xbox también incluía 64MB de memoria RAM, tarjeta gráfica Nvidia, disco duro interno y puerto ethernet listo para conectarse a internet y jugar en línea. Era el sueño gamer, todas las ventajas de una PC integradas a una consola de sobremesa; parecía el escenario ideal para destronar al rey pero faltaba lo más importante: los juegos.

El catálogo de juegos para la primer Xbox se basó principalmente en hacer ports de juegos lanzados originalmente para PC. Títulos como Max Payne, Doom, Splinter Cell y Half Life fueron la punta de lanza en el ataque de Microsoft, pero no tardaría en unírseles Halo: Combat Evolved, un juego anunciado originalmente para PC y que redefiniría el juego en línea.

El lanzamiento de Halo: Combat Evolved marcó el inicio de una nueva etapa en el mundo de las consolas, la masificación de los shooters online (y eventualmente del juego en línea). Microsoft encontró en el juego en línea una identidad que ofrecer a sus consumidores, les dio un sentido de pertenencia basado en el espíritu competitivo que los PC gamers experimentaban en cada ciber café de la época o las míticas LAN Parties.

Xbox tuvo un buen debut, logró vender más de 24 millones de consolas y superó a la Gamecube; no obstante, no estuvo ni siquiera cerca de la PlayStation 2 que vendió más de 150 millones de unidades. Sony se mantuvo como el rey indiscutible, pero Microsoft aún tenía algunos ases bajo la manga.

IT’S A-LIVE!

La Xbox original dejó sentadas las bases para el éxito de la Xbox 360. Microsoft afinó la estrategia diseñando una consola en la que era más fácil programar, perfeccionó el juego en línea mediante el sistema Xbox Live y dio a sus usuarios las herramientas necesarias para forjar una identidad propia. Personalización de avatars, chat de voz, lista de amigos, logros, un control casi perfecto; lo anterior, sumado a juegos como Halo 3, Gears of War y Call of Duty, dieron como resultado una horda de fans orgullosos de pertenecer a la comunidad Xbox.

Sony intentó nivelar la balanza con el uso del Blue Ray, la PS Network y el juego en línea gratuito, pero el sistema Xbox Live de Microsoft fue imbatible y la PlayStation 3 sólo atinó a mejorar el sistema de logros mediante la implementación de los trofeos. La lucha entre Sonyers y Xboxers estaba en su punto más pasional, los foros se llenaban de discusiones acerca de personajes como Master Chief o Kratos, críticas acerca del cobro por jugar en línea y la justificación del pago a cambio de un sistema más rápido, estable y seguro, juegos brutalmente dinámicos como Gears of War contra narrativas épicas como Uncharted o The Last of Us.

Esta fue la época dorada para la identidad gamer y la guerra de consolas, una generación que definió a un gran número de jugadores como fieles seguidores de una u otra consola, tan pasional que los debates aún prevalece en la memoria de quienes los vivimos. Detrás del escenario, Nintendo disfrutaba del duelo de titanes y aprovecharía para liderar la venta de consola gracias a su popular Wii Sports, algo que no tendría mayor relevancia para los fans de Microsoft y Sony.

La verdadera guerra de consolas

UTILIDAD ANTES QUE IDENTIDAD.

La guerra de consolas terminó y con ella se extinguió el sentido de identidad para dar paso al sentido de utilidad. Lo que antes era pasión por una consola y sus personajes emblemáticos se convirtió en una búsqueda constante de beneficios.

La evolución del gaming ha permitido que podamos ver a Master Chief y a Marcus Fenix en PlayStation, algo impensable para cualquier fan old school de Xbox. La apertura a la multiplataforma implica que ambas consolas tengan casi el mismo catálogo de juegos, situación que tiene como consecuencia una falta de identidad en las nuevas generaciones gamers. Ya no existen héroes exclusivos que motiven una elección en particular, su lugar ha sido sustituido por juegos como servicio o suscripciones con beneficios exclusivos.

La guerra de consolas se transformó en guerra de servicios, actualmente PS Plus y Game Pass son las razones principales para decidir qué consola comprar. El consumidor promedio está atento a los beneficios que otorga cada suscripción, desde el catálogo de juegos gratuitos, lanzamiento día uno y catálogo de clásicos hasta retro compatibilidad y uno de los aciertos más reciente de Microsoft, la digitalización de juegos físicos.

Para los más veteranos, la guerra no ha terminado. Quienes elegimos ser fieles a una consola, lo hicimos por aquellos juegos que marcaron una etapa, por el gusto a un determinado género, por los ideales de un personaje o por pertenecer a un grupo con intereses comunes. Cambiar de consola por los beneficios que ofrece una membresía significa renunciar a una parte de tu personalidad, de tus ideales, a tu identidad.

Recientemente Hideo Kojima anunció que ya no trabajaría con PlaySation y que el desarrollo de sus proyectos los hará en conjunto con Xbox, esto abre la posibilidad de que sean exclusivos para la consola de Microsoft y quizá PC. Veremos si el maestro Kojima es capaz de crear otro juego vende consolas del calibre de Metal Gear Solid.

Me gustan todos los videojuegos, pero mi identidad gamer está con PlayStation. Existen muchas razones para elegir PlayStation, pero esa es otra historia.

Si te interesa leer más entradas sobre videojuegos haz clic aquí –> GAMING

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *