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PSM (PLAYSTATION MAGAZINE), UNA REVISTA DE CULTO.

La época dorada de las consolas no hubiera sido posible sin el apoyo de la prensa especializada, especialmente la impresa. Entre todas las revistas de los 90’s hubo una que logró diferenciarse con identidad propia: PSM (PlayStation Magazine), una joya de culto para los fanáticos de PlayStation, pero desconocida para muchos gamers.

LEER ES GRATIS.

Cuando estudiaba la secundaria, en mi ciudad no existía Mixup ni tiendas departamentales como Sanborns, Liverpool o Sears; a cambio teníamos una tienda local llamada Ritmo Musical, un lugar donde compraba mis discos y también podía hojear algunos libros y revistas.

Acorde a mis gustos de aquella época, en la sección de revistas sobresalían Rolling Stone, La Mosca en la Pared, Club Nintendo y Electronic Gaming Monthly, todas ellas auténticas leyendas dentro de sus respectivas industrias. Revistas que afortunadamente podía leer gratis, pero que difícilmente compraría debido a mi incipiente economía como estudiante, así que me conformaba con hojearlas para enterarme de las novedades del momento.

Siempre me ha gustado leer, pero nunca había sentido la necesidad de comprar revistas de ningún tipo; sobre todo porque, como he dicho antes, leer gratis ya formaba parte de mi rutina, sólo bastaba acudir un par de días al mes para enterarme de las novedades que pondría en mi radar de próximas adquisiciones, tanto para discos de música como de juegos.

DE LA VISTA Y LECTURA NACE EL AMOR.

Hasta mediados de los 90’s Nintendo dominaba el mercado de videojuegos y en las revistas abundaba la información relacionada con las consolas y juegos de la Gran N. Sin embargo, para 1998 PlayStation ya había consolidado una sólida base de fans que estábamos ávidos de consumir cualquier producto relacionado con la consola, así que los medios tuvieron que adaptar su contenido para satisfacer la creciente necesidad que teníamos.

Parte de esa adaptación consistió en lanzar publicaciones dedicadas exclusivamente a la consola de Sony, así que PSM eventualmente se agregó a mi lista de lecturas gratuitas. Recuerdo muy bien la sensación de leer algo dedicado a PlayStation, fue encontrar un punto de identidad. Tal vez, sin saberlo, fue la primera vez me sentí gamer.

El estilo de PSM destacaba a simple vista, el diseño de la portada era sobresaliente. Mientras otras publicaciones seguían apostando por imágenes oficiales de juegos, PSM se enfocó en utilizar diseños de artistas como Joe Madureira, Adam Warren, Jeffrey Scott Campbell, Robert DeJesus y muchos otros.

El slogan en la cubierta lo resumía todo, ‘Unofficial, Unbiased, Unrivaled‘ (no oficial, imparcial, sin rival); en su interior, la personalidad y actitud de los editores y redactores combinaba a la perfección con el lema. Esta revista tenía todo lo necesario para satisfacer mi juvenil espíritu ‘rebelde’ así que fue amor a primera vista, $67.00 pesos menos en mi bolsillo y un disco de música que tuve que dejar pasar.

PSM #12 Cover Art
Mi PSM #12 (portada de Joe Madureira)

UNA COSA LLEVA A OTRA.

Para mi, llegar a casa después de comprar algo era una experiencia muy emocionante, tenía una fascinación por leer el material impreso de los discos de música y los manuales de cualquier aparato nuevo, así que llegar con mi primer revista de videojuegos no era la excepción.

Comencé a leer el número 12 de PSM sin saber que sería un punto de inicio no solo para comprar más revistas sino también para conocer más de las franquicias que eventualmente coleccionaría y de eventos como el E3. Juegos como Final Fantasy VIII, Metal Gear Solid, Parasite Eve, Silent Hill y Spyro the Dragon son algunos ejemplos de los títulos que tenían un análisis previo en ese número, muchos de esos títulos terminarían formando parte de mi colección.

De todos esos juegos, el más significante fue Metal Gear Solid, detonó mi interés por juegos con historias más profundas y complejas, la historia de Solid Snake me causó tanto impacto que adapte mi gamer tag y pasé de utilizar ‘Fox’ para adoptar el nombre clave de Frank Jaeger: ‘Gray Fox’, nick que sigo utilizando casi 20 años después.

EL E3, UN SUEÑO SIN CUMPLIR.

Durante muchos años, el E3 fue la convención más grande del entretenimiento electrónico y los videojuegos obviamente estaban incluidos; consolas, títulos, periféricos, accesorios y muchas cosas más eran presentadas cada año en ese evento.

La cobertura del E3 era obligatoria para cualquier medio enfocado en videojuegos así que tenía noción de lo importante que era el E3; sin embargo, no tenia ni la más remota idea del volumen de juegos que se publicarían en PlayStation. La edición #12 de PSM cubrió más de cien juegos dedicados para la consola de Sony, un número impresionante que sólo la practicidad del disco compacto y la facilidad de programar en PlayStation podía permitir.

La información del E3 fue tan abundante y detallada que me generó expectación de lo que era estar presente ahí, conviviendo con tanta gente en ese ambiente y tener al alcance los juegos más recientes. Fue tanta mi curiosidad que me hice la promesa de estar presente en alguna edición, un sueño que debió cumplirse en 2020 y que desafortunadamente ya no pudo ser posible debido a la cancelación de esa edición como consecuencia de la pandemia de COVID-19. Posteriormente, en 2023, se anunció que el E3 quedaba cancelado definitivamente.

EN LA ERA DEL CLIC, PAPELITO HABLA.

Hoy en día, el consumo de información se rige por la inmediatez absoluta. Si quiero conocer los detalles sobre el lanzamiento de un juego o las especificaciones técnicas de la consola de la siguiente generación, solo me toma un segundo desbloquear la pantalla del teléfono, entrar a redes sociales o ver un video en YouTube.

Los análisis se publican en masa en el instante exacto en que cada juego es anunciado, los rumores se transmiten, se consumen y se olvidan en cuestión de minutos. La magia de la expectativa se ha diluido notablemente en un flujo interminable de contenido instantáneo.

Por eso, cada cierto tiempo me acerco al viejo escritorio donde guardo mis revistas, tomo con cuidado esa desgastada, leída y atesorada edición número 12 de PSM y dejo que me invada una profunda calidez nostálgica. Mirar sus páginas es recordar una época maravillosa en la que los descubrimientos se hacían con lentitud, los textos se saboreaban línea por línea durante semanas enteras y cada adquisición requería un sacrificio real que te hacía valorar el objeto.

Aquel ejemplar comprado con monedas contadas no fue únicamente mi primera revista de videojuegos; fue mi puerta de entrada al coleccionismo, mi primera gran lección de criterio independiente y el recordatorio físico de que las mejores crónicas de nuestra vida digital se escribieron primero con tinta sobre papel.

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